Siempre he sospechado de mi claustrofobia por la necesidad de espacios verdes, que mi mamá atribuye a la psoriasis. Pero la pude confirmar hace unos días, cuando me quedé encerrada en una cabina de teléfonos. Me empecé a desesperar y de impotencia casi me largo a llorar. Pero dos personas se pararon a ayudarme, y lograron abrir la puerta. Qué reconfortante es saber que siempre habrá gente para abrir las puertas de los otros.
Sé que tengo que ir al peluquero, porque mi pelo ya no responde y mis canas dan penita. Pero para ello, debo enfrentar mi fobia a los peluqueros. Yo genero algo en ellos que los lleva a improvisar sobre mi cabeza, o a hacerme exactamente lo contrario de lo que yo les estoy pidiendo. Pero la última vez fue el colmo. Luego de buscar durante media hora el corte que yo quería, se lo muestro y está supuestamente de acuerdo. Mientras me corta el pelo, me cuenta que es el corte de una mina muy conocida, de la cual no se acuerda el nombre. Cuando termina, me dice: Ya me acordé como se llamaba esa mina: Victoria Beckham. Y cuando me miro en el espejo, veo que es efectivamente el corte, que detesto, de esa mina, que no soporto.
Sé que tengo que ir al peluquero, porque mi pelo ya no responde y mis canas dan penita. Pero para ello, debo enfrentar mi fobia a los peluqueros. Yo genero algo en ellos que los lleva a improvisar sobre mi cabeza, o a hacerme exactamente lo contrario de lo que yo les estoy pidiendo. Pero la última vez fue el colmo. Luego de buscar durante media hora el corte que yo quería, se lo muestro y está supuestamente de acuerdo. Mientras me corta el pelo, me cuenta que es el corte de una mina muy conocida, de la cual no se acuerda el nombre. Cuando termina, me dice: Ya me acordé como se llamaba esa mina: Victoria Beckham. Y cuando me miro en el espejo, veo que es efectivamente el corte, que detesto, de esa mina, que no soporto.

