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lunes, 28 de abril de 2008

LAGRIMAS DE MAGDALENA

Hoy gané una pequeña batalla contra la burocracia francesa. Es una historia larga de contar, pero voy a tratar de resumirla. El estado francés paga una ayuda por cada hijo, pero en nuestro caso no podíamos tenerla porque el Santi vino con nosotros desde Argentina. Además, el hecho de que el Santi no exista para ellos complica todo, el acceso a las guarderías, el cálculo de nuestros recursos divididos por dos en vez de por tres. Después de horas de espera, seis entrevistas, presentar un recurso, y derivarme de un lugar a otro, mi última opción era hablar con la asistente social. En un momento, ella me dice que pensara en que quizás no volvía a Argentina, porque a veces lo que queremos no corresponde con lo que nos destina el futuro y yo me puse a llorar, porque trataba de explicarle que estoy cansada de ser paria. Y ella me contó su vida, sus problemas para consolarme, su exilio de Guadalupe, su divorcio. No sé si fue el discurso de Sarkozy la noche anterior o la nostalgia por su gente, pero ella se conmovió tanto con mi situación, que decidió solucionar el problema. Llamó a varias personas, y cuando me dio la buena noticia, estaba más contenta que yo.
Pero lo más impresionante de todo es que gracias a mi llanto, y la comprensión de ella, todas las familias que traen a sus hijos con ellas y que estaban desde hace años en mi misma situación, van a poder recibir esa ayuda. A veces sirve llamarse Magdalena.