Menos mal que no me dedico a esto, porque obviamente no es lo mío. El post anterior era la continuación de un post que escribí hace mucho y nunca puse acá. Y aunque tampoco sé si se va a entender algo, por lo menos aclara a qué me refería cuando hablaba de “políticamente incorrecto”.
Es una necesidad inexplicable que siento por leer a Oscar Wilde,
Louis-Ferdinand Céline o el lounge de
LD Fernández.
DANDIESRetomo
El retrato de Dorian Gray, abandonado por falta de tiempo, y sigo hipnotizada por ese libro. Me gusta la sinceridad bruta de lo políticamente incorrecto, me seduce como si yo misma fuera Dorian obnubilada por el discurso hedonista.
Y no logro explicarme mi fascinación por esa época, como si yo fuera anacrónica.
Hasta que me doy cuenta de que no es una sensación mía solamente. Porque existe en Francia un retorno a la filosofía hedonista, con Michel Onfray, y que tiene en Argentina como representante a LD Fernández, el Filósofo Pret-à-porter.
Pero la mía es una mirada de curiosidad frente a algo totalmente opuesto a mi esencia utópica, como una antropóloga en tierra desconocida.