Yo heredé el nombre de mi abuela, y después vino también su sobrenombre, de Malena, Malenita y así quedó Malen. Y con el nombre, la comparación y el temor de parecerme a ella.
Porque cuando yo era chica, tenía determinado de antemano cómo iba a ser de grande, y no había escapatoria. Me daba miedo repetir su vida, que ha sido durísima, y tener la misma dificultad para expresar el cariño.
Porque cuando yo era chica, tenía determinado de antemano cómo iba a ser de grande, y no había escapatoria. Me daba miedo repetir su vida, que ha sido durísima, y tener la misma dificultad para expresar el cariño.
Aunque es verdad que tengo cosas parecidas a ella, soy bastante callada, o introvertida, y soy terca y vasca testaruda, con el tiempo me di cuenta de que yo me podía reír sin límites y ser extremadamente cariñosa. Eso me permitió liberarme de la repetición y empecé a mirarla de otra manera.
Ahora pienso que quizás la diferencia está en que yo nací en otra época, sin tantos límites corporales, con otras libertades, otras elecciones. Y ahora disfruto mi nombre y mi herencia, y quizás se lo pase a alguna nieta, para que comprenda el paso del tiempo.
Ahora pienso que quizás la diferencia está en que yo nací en otra época, sin tantos límites corporales, con otras libertades, otras elecciones. Y ahora disfruto mi nombre y mi herencia, y quizás se lo pase a alguna nieta, para que comprenda el paso del tiempo.


